Get up and go: Mi visita a Las Lomas de Lúcumo

No puedo creer que esté aquí. Llegué sola y estoy sorprendida por todo este paisaje verde. Desde días vengo pensando en conocer Las Lomas de Lúcumo. Lo escogí porque me pareció la más organizada y de fácil acceso. Asimismo, en internet figuran los precios, horarios y rutas. De ahí la importancia que los atractivos turísticos cuenten con una página web actualizada. El internet es una herramienta poderosa en nuestros días. Pero eso es otro tema.

Entrada a las Lomas de Lúcumo

Entrada a las Lomas de Lúcumo

Me dirigí hacia la Panamericana Sur y desde el Puente Atocongo tomé un carro que me llevó hasta el cruce de Pachacámac. De ahí tomé una combi hacia Pachacamác pueblo y luego pregunté por algún carro para ir a Centro Poblado Rural Quebrada Verde. Una señora me dijo que la combi G, la cual tiene una franja verde, me llevaría hasta allí. Al parecer la G si pasaba por el paradero Cruce Pachacamac. Si hubiera esperado un poquito más seguro la hubiera visto. Bajé en Quebrada Verde y me alegró que el camino hacia las Lomas de Lúcumo estuviera señalizado. Me he dado cuenta que soy algo distraida a la hora de buscar direcciones. Tengo buena memoria, pero me falta refinar mi sentido de la orientación.

Subí por un camino y lo primero que vi fueron los cerros cubiertos de verde que apenas se veían por la niebla. Hay verde por todos lados: en las paredes de las casas, en los corrales de las vacas, en los letreros de señalización…por doquier. No podía creer lo que veía, nunca antes había estado en un lugar así. Me recibieron las personas que trabajan en Las Lomas y después de pagar 5.50 soles por la entrada me brindaron un pequeño mapa del circuito y me indicaron unos teléfonos en caso de alguna emergencia. En aquel momento decidí comenzar el recorrido sola, ya que no vi a mucha gente a mi alrededor tal vez porque era día de semana. Caminé lento, puesto que el trajín de la subida hace que uno traspire un poco. A veces lamentaba haber ido tan abrigada, pero tanta belleza me hacía caminar lento. No quería perderme ningún detalle. Me sentí en el paraíso de la naturaleza, en una de sus más bellas expresiones, me sentí totalmente libre de mirar a todos lados y en cada rincón. Tomé fotos como loca. Escuchaba a las vacas, a los burros, a los insectos que se posaban cerca al lente de mi cámara y no se ahuyentaban, a los pájaros que volaban y que se posaban cerca. De vez en cuando escuchaba el canto de los cabezas roja.

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Las flores eran cada vez más lindas. Nunca había visto distintas flores en un solo lugar. Nunca había estado en un lugar que parecía estar recién regado todo el tiempo. Sí, es cierto que estaba muy emocionada. El sendero lucía amigable y no me importó la hora.

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Me crucé con algunas personas que estaban bajando. Un par de señoras me preguntaron si venía sola y me advirtieron que el camino estaba muy enlodado. Por eso decidieron no continuar. Yo les agradecí la información y procuré llegar hasta donde pudiera. Y efectivamente, a pocos metros el camino se tornó muy enlodado. Sentía que los pies no me respondían. Por más que trataba de pisar fuerte, mis pisadas eran inseguras. La mente me jugó una mala pasada y me ganó el nerviosismo. Dudé muchas veces. Quería regresar. Tenía un pie pisando firme y otro pie con ganas de retroceder. Me paralicé por un rato y no vi a nadie a mi alrededor. Llegó una familia y me notaron nerviosa por el camino. Me invitaron a seguirlos y mágicamente me repuse. No me reconocí y avancé, subí por ese sendero enlodado. Avancé a paso lento, y me lamentaba no haber traído conmigo algún bastón de trekking. ¿Acaso debía continuar? ¿Era todo el camino así? ¿Sería yo capaz de lograrlo? Seguí algo insegura por el lodo y sin darme cuenta la familia desapareció. Me sentí tonta. Me imaginé mil veces rodando por los montes. ¿Y si me dejaba caer? ¿Y si me moría ahí mismo? Yo era un manojo de nervios. Me senté en una roca. Y cada vez que movía los pies lo hacía con mucho cuidado. “Esto no es para mi” “!Quién me manda a venir!” “Debí haber retornado” “No debí haber subido sola”. ¿El camino siempre es así?

Así era el camino

Así era el camino

Y si quería regresar este camino me esperaba. Embarrada segura.

Y si quería regresar este camino me esperaba. Embarrada segura.

Recién había recorrido la tercera parte de la ruta larga. Me faltaba algo de dos horas para terminar el recorrido corto. Quería continuar. A pesar de mi nerviosismo tenía la intuición de que las cosas podían solucionarse. Recordé las amables palabras de la señora que me vendió la entrada y me comuniqué con ella. Me aseguró que un guía iría a mi alcance. Al poco tiempo llegó y me sorprendí verlo subir con tanta agilidad por ese camino que tanto me había costado. Me ayudó con el recorrido. No creo haber podido hacerlo sola. El camino estaba demasiado enlodado y yo no tenía la experiencia. Tal vez fue negligencia mía. De hecho sí lo fue. Agradezco a las personas que me ayudaron ese día. Algo dentro de mi se moría por continuar con el recorrido y el guía amablemente me ayudó.

Recuerdo sus explicaciones acerca de las flores. De los zapatitos (flores amarillas) que me llamaban la atención. De la Flor de Amancaes que ya no estaba en esa época (Setiembre), pero que, según me contó, se puede visitar de Junio a Agosto. De la explicación acerca de las vulvas de las Flores de Amancaes  y de la forma en que las cuidan para preservar la especie. Recuerdo las orquídeas que no vi en directo, pero que me enseñó en su “Guía de Flores de las Lomas de Lima”, que cargaba en su bolsillo. Si no hubiera continuado me hubiera quedado con la curiosidad de ver las pinturas rupestres en las piedras y cuevas, las cuales están cada vez más erosionadas por el agua. Me hubiera perdido de la hermosa vista del Valle de Pachacámac desde el mirador  y no hubiera respirado tan profundo ese aire que parecía que estuviera en una sala de nebulización como cuando era chiquita. Y ni qué decir de la mina artesanal que data de hace 70 años, de donde se extraían varios minerales y, según me dijo el guía, no pudo ser explotada a cabalidad, ya que no fueron muchos los hallazgos.

Las Lomas de Lúcumo no hubieran sido las mismas sin las explicaciones del guía. Un hombre de unos 50 años, tez clara, contextura delgada, alto y muy apasionado con su trabajo. Con muchas ganas de aprender y cada vez más sorprendido y embelesado con la belleza de este refugio verde. Me contaba que los días de más trabajo son los fines de semana y que la agenda de visitas ya estaba casi copada. Se sentía muy identificado con ese lugar, era un poblador más del valle de Pachacámac. Me habló algo sobre su llegada al lugar, de cuando compró un terreno para vivir y de cómo llegó a trabajar en Las Lomas de Lúcumo. Más de 10 años han pasado desde ese entonces y ahora se siente cada vez más contento de pertenecer al Proyecto Lomas y ser parte del equipo que capacita e impulsa a otras Lomas, comos la de Mangomarca. Le conté que vivo en San Juan de Lurigancho y que no había visitado las Lomas de Mangomarca, pero que planeaba hacerlo. Y coincidimos en la importancia de la organización de los circuitos en las Lomas. “Por eso elegí venir aquí”, le dije. “En eso estamos”- acotó.

Uno de los animales más curiosos que vi. Se camuflan en las hojas.

Uno de los animales más curiosos que vi. Se camuflan en las hojas.

¿Por qué el nombre de Lomas de Lúcumo?- Le pregunté. Antes abundaban los árboles de Lúcumo por aquí. Ahora están casi extinguidos. Por la ruta larga todavía se pueden ver (la ruta larga dura 5 horas). ¿La lúcuma es igual que el lúcumo? El lúcumo es el árbol y la lúcuma es el fruto. Shhh estamos entrando a la zona de viscachas. Mira.

Caminamos sigilosamente y por ratos se asomaba una vizcacha, luego dos, después unas crías, y a penas nos veían se escondían en unos huecos dentro de unas enormes rocas, donde se suele practicar rapel y escalada. Abajo decía que era zona de caracoles, pero no vi ningún caracol, le dije mientras miraba un caracol. Como esta zona es más humeda que abajo, los caracoles suelen estar más por acá, cerca a las plantas. En cambio en el verano los caracoles se suelen estar en las rocas y se juntan. No es raro ver caracoles juntos y pegados a las rocas-me explicó el guía. Hay dos tipos de caracoles. Uno es más grande que el otro. Ambos tienen dos nombres diferentes que no recuerdo, pero si recuerdo que los más grandes son comestibles y los exportan a Europa. ¿Y cómo se cocinan caracoles?-Le pregunté. Se ponen a hervir por un rato, luego se les quita el caparazón y solo la carne se exporta.  ¿Y usted ha comido caracol? No, pero me contaron que no sabe mal.

Un caracol

Un caracol

Una vizcacha

Una vizcacha

¿Puedes creer que este dibujo es de la época de la Prehistoria? Me lo dijo una antropóloga cuando le pregunté. Nadie sabe qué es. Se parece a un teletubie-Me dijo el guía. Sí, puede ser un marciano. La verdad no parece una pintura rupestre. Qué curioso.

La pintura en cuestión

La pintura en cuestión

Las Lomas de Lúcumo no dejaron de sorprender. A cada momento aparecía algo nuevo y mi curiosidad iba aumentando a cada paso. Me volví más preguntona que nunca. Y a medida que íbamos avanzando me di cuenta que estábamos de bajada. Hay mucho más por ver. Hay más pinturas más allá. Por la parte de las minas se puede entrar y salir por otra grieta. Ufff cuánto más por descubrir. Eran las 5 y decidimos bajar. La hora se pasó volando. Me quedo con esta imagen de las Lomas de Lúcumo:

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En cuanto al camino, no se asusten si van solos o por primera vez. El camino es enlodado solo en una pequeña parte. Una vez que llegan al mirador (a 1 hora del comienzo del recorrido) el camino es seco. El guía me dijo que el exceso de lodo era porque en la madrugada había estado lloviendo. Otros días, al parecer, el camino está seco casi en su totalidad. De todos modos traten de caminar con mucho cuidado y lleven un bastón de trekking o pidan un palo en la entrada para caminar con más seguridad (no lo sabía, pero el guía me dijo que sí dan) Y no duden en comunicarse con los números de celular que figuran en el mapa de las Lomas (que les darán a la hora de pagar la entrada). Les irá bien. Anímense.

Más fotos aquí

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2 comentarios en “Get up and go: Mi visita a Las Lomas de Lúcumo

  1. Hola Maricruz. Creo que todos los bloggers peruanos han subido las lomas de Lucumo alguna vez en su vida, seria delito no hacerlo :D. Espero que sigas escribiendo mas de nuestro Perú y tal vez asistir a alguna de nuestras reuniones blogueras. Un abrazo.

    • Hola 🙂 Me encantó las Lomas de Lúcumo, es un bello lugar. Aún tengo pendiente realizar la ruta larga, estoy segura que hay mucho más por ver y descubrir. Por supuesto, escribir y compartir relatos de viaje me encanta y sigo en eso aunque haya estado menos activa en este espacio. Yo encantada de asistir a alguna reunión, gracias por la invitación. He estado revisando tu blog, hay muy buena información. Saludos!

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